Muestra de arte para niños de 1 a 100 años





Sifónides 


 Era un país dónde había siempre una música especial que parecía el viento, pero no era el viento, ni siquiera eran los pasos de la gente, ni sus gritos, ni el ruido de los autos, ni los ladridos de los perros.
Eran ellos que siempre iban tocando una trompeta por la calle.
Sifónides había sido el inventor de la trompeta mágica y el que había conseguido la mejor melodía. Era una melodía contagiosa y lo que contagiaba era la alegría.

Estrellita Castro

 Desde pequeña quiso ser actriz, pero lo que en realidad sabía hacer era figurar. Hasta que no encontró el modo de ser mundialmente famosa no paró. Pero el mundo era la tierra solamente, así que buscó otros planetas y se encontró con uno precioso, muy brillante y misterioso, se llamaba Casualvo y allí se instaló sin saber que no vivía nadie y todavía está allí buscando quien le aplauda.


 Marguerida


Marguerida tiene un vestido rojo precioso que cada vez le queda más pequeño porque Marguerida come muchas chucherías. Pero a ella no le importa porque está muy guapa con su vestido y además a sus amigas les gustaría tener uno igual. Un día que estaba presumiendo de su vestido con ellas quiso hacerse la bailarina  y cuando estaba haciendo puntas apareció un erizo que también estaba asombrado del vestido rojo, al final se aburrió y se quedó debajo de su zapatilla a pensar qué hacer. Marguerida se dio cuenta y como quería disimular siguió haciendo puntas más de una hora para que no le pinchara el erizo. Sus amigas pensaron que se había convertido en estatua y se fueron de allí asustadísimas. Ahora Marguerida sólo tiene un amigo, el erizo, porque se ríen mucho del vestido rojo y de las zapatillas y de todo.


Condecoraciones 


Don Julio, Conde Coración de Fuenlabrada, siempre estaba hablando muy bien de sí mismo, en realidad no hablaba de otra cosa. Estaba tan contento de todo lo que contaba que se iba poniendo una medalla cada vez que hablaba. El las llamaba condecoraciones porque eran medallas para ir con decoración en su cuerpo. Un día se encontró con que ya no tenía lugar dónde ponerse más, así se colocó su último éxito en la boca. Entonces no pudo decir nunca nada más. Y todos descansaron.


Blancanicienta

   Cenicienta y Blancanieves se han hecho muy amigas, así que ya no les gusta cómo han contado sus cuentos porque en ellos no están juntas.
Y todos se han hecho un lío porque ahora no las encuentra nadie. La madrastra de Cenicienta está enfadadísima y sus hermanas muy muy asustadas
Los dos príncipes andan buscándolas y también se han hecho amigos.
Pero ellas están escondidas en el desván escuchando cantar a los siete enanitos y no piensan salir hasta que se hayan divertido lo suficiente.

Romualdo

 Romualdo es muy bajito y muy listo. Siempre va leyendo por la calle porque, cuando  le gustan las historias que le cuentan los libros, no sabe parar. En su pueblo le quieren mucho porque todo lo que aprende lo enseña enseguida. 


Eduardo


Siempre iba por la calle concentrado en sus pensamientos. Dentro de su sombrero tenía una máquina de ideas, con la pipa las cocinaba y salían ricos manjares para leer.


Elpidio
Elpidio es pelirrojo y presumido.  Siempre mira de reojo para asegurarse de que le están observando.  Si no le miran no sabe qué hacer.  Es casi seguro que es un muñeco al que le da cuerda solamente la mirada de los demás.

Peces mecanizados


Ahora hay mucho lío con el agua y el aire, los peces y los pájaros se confunden y no saben dónde tienen que estar. Se han hecho bastante amigos porque es la mejor manera de no perderse y por eso van siempre juntos.
Pero hay algunos peces que quieren sobresalir, y como alguien les ha dicho que lo que está de moda es parecer una máquina, se han puesto un vestido de metal.



Caperucita azul




Cuando Caperucita roja terminó con todo aquello del  lobo feroz, de su abuelita y del cazador se fue a vivir a otro lugar y cambió la caperuza roja por otra azul.
Ella quería olvidar toda aquélla desgracia porque, por muy bien que terminara, pasó mucho miedo. Así que se fue a vivir a la ciudad.
Al principio estaba contenta y hasta dormía bien, pero pronto empezó a tener pesadillas: unas veces veía las botas rojas del cazador paseándose solas por el piso de abajo y otras  le parecía que los ojos del lobo feroz le miraban fijos y fieros.
Toda la culpa la tenía su vecina Brujastra que era maga y mala. En realidad ella había sido la que le había dado la idea al lobo feroz de que se comiera a Caperucita y a su abuelita. 


La gallina ponedora 

Chiquikova 
 

Zenón 

Estamos casi todos 


 Jirafas a lo suyo


Agapito el inconmensurable





Agapito era un caso.
Un caso único en su pueblo.
Agapito era un muchacho de metros tomar.
No se paraba en medios.
Agapito tenía muy claro cual era la medida de todo.
Los padres de Agapito se preocuparon por vez primera cuando siendo un tierno bebé dijo antes “centímetro” que papá.
El padre, bien preocupado, lo llevo al doctor de su pueblo para que le examinara.
El doctor recordaba los casos de las primeras palabras de algunos bebes famosos. El bebé de una panadera dijo por primera vez “levadura”. El de una costurera balbució “enhebrar” mientras bordaba la palabra en sus propios pañales. La tiernísima hija de un cartero gritó “correo urgente” una mañana en la que le despertaron sin las debidas precauciones.
Así que comenzó a interesarse por el caso de Agapito.
¡Agapito! -preguntaba el sabio médico al bebé de 10 meses- ¿cuantos decímetros cúbicos es un litro?
¡Uno! -respondía Agapito desde su cunita-. Un decímetro cúbico, ¡siempre y cuando se trate de agua, o un liquido de similar densidad!
Aquel “siempre y cuando” terminó de preocupar seriamente al doctor. Especialmente porque lo pronunció mientras sacaba de no se sabía dónde un metro flexible y se medía el crecimiento de las uñas.
Era el primer bebé en saber cuántos decímetros cúbicos exactos tenía su biberón y cuántos metros era capaz de reptar antes de gatear.
Se pasó gran parte de su vida calculándolo todo.
Pero un buen día empezó a pensar que algo estaba yendo mal.
Se dio cuenta de que los sentimientos no podían medirse y lo que podía medirse acababa terminándose.
Así que decidió hacer un esfuerzo para dejar de tomar medidas y hacer cálculos.
Y entonces comenzó a ser feliz.










Pasando por el aro  



El Niño que quería ser tiburón

Se llamaba Tiburcio  y siempre pensó que con ese nombre más le valía ser original.
Así que después de pensarlo mucho cayó en la cuenta de que Tiburcio quizá vendría de tiburón y que, por lo tanto, tendría que empezar a parecerse a su nombre.
Lo primero que hizo fue enfundarse en una escafandra azul y colocarse unas aletas rojas, así podría empezar a asustar que, por lo visto, era lo que hacían los tiburones.
Todo aquello empezaba a incomodarle porque ni siquiera podía mover los brazos. Además mucha gente le trataba como si fuera un delfín.
Así que Tiburcio decidió que su nombre no tenía por qué obligarle a nada y se quitó el disfraz.
Y también el nombre. Ahora dice que se llama Segundo que es mucho mejor que ser primero porque la gente no te mira y así no tienes que actuar.


                                                        Marcelino



Él anda por aquí, por la tierra, porque tiene una misión importantísima que no puede contar a nadie; además tiene que ir de incógnito.

De momento ha conseguido unas botas que a él le parecen muy terrestres. La gente se cree que va disfrazado de ángel, así que no se dan cuenta de nada; solo piensan que está un poco loco.
Pero él sigue con su tarea bastante contento. Lo único que le pasa es que a veces se le nota un poco en la cara que no entiende algunas cosas.
Son los problemas de un ángel distraído




Mister Éxito

Casting de muñecos




Ahora hay una nueva compañía artística que quiere organizar una obra de teatro con los muñecos más guapos, más originales y más buenos del mundo.
Muchísimos están ya haciendo cola desde hace días. Todos quieren llegar a ser como Adolfino, Genara y Macracia que ya han conseguido estar seleccionados. Ninguno quiere mirarse en el espejo por si acaso descubren que no son ni tan guapos, ni tan originales. Lo que sí saben es que son buenos, pero eso no se lo dirá el espejo, por eso no se miran.