Muestra julio 2010 en el Real Hotel Boutique Azur





De napoleones y josefinas

Las tres graciosas

Dandys y damiselas

Cortejándose a sí misma
Margaret vivía sola en un pueblo azul.  Todos los días se ponía delante de su espejo- biombo a cortejarse a sí misma, después descubrió que cerrándolo un poco más podía asombrarse de sí misma ya no por tres, sino por mil, por millones. Eso ya le asustó porque no podía contarse, dio la espalda al espejo y empezó a mirarle a usted.

Caperucita roja, otra nueva versión
Caperucita Roja era una niña curiosa. Un buen día se encontró con el lobo feroz y se sentó a charlar con él. Pasaron horas y horas, tantas que todas las caperucitas que habían sido infinitamente contadas comenzaron a aparecer para avisarle de su error “así no es el cuento” le gritaban. Pero ella, absorta en la conversación, no pudo escucharlas; tampoco el lobo que estaba con la oreja atenta y el ánimo relajado. Aparecieron más y más caperucitas hasta formar el cuento de “Éranse unas caperucitas rojas perplejas y envidiosas” que fue contado y contado por siempre jamás.

Mujeres encumbradas. Monumento a la mujer desconocida
Se cuentan por miles las mujeres que pasaron a la historia pero debieran estar ahí para olvidar. Y muchas más las que debieron ser encumbradas pero a alguien se le olvidó y ellas se mueren de risa.
Desparramaron desvelo, caricias, inteligencia, sensatez, paz, estímulo, sonrisas y ricas tortas con café en su punto; consejo, compañía, paciencia, camas bien hechas, ropa limpia y habitaciones ventiladas. De ahí que les hayamos hecho un monumento colorido, como sus vidas.
 


 Huyendo de la fábrica de divas

New Orleans 1955

Mesita teatrito del cóndor



Maniquíes de Napoleón y Josefina


Technicolor
Flora  tiene dos amigas y hace rato que se  fueron de su casa. Estuvieron discutiendo porque Nicanora piensa que a su vida no ha llegado el technicolor.  Eleonora  está a punto de conseguirlo y por eso envidia tanto a Flora que hasta tiene un espejo dónde pueden multiplicarse los colores y eso ya es mucho pedir.


Colores y formas
 Ella tenía días muy buenos y otros nefastos y todo estaba en su sentimiento. Y era tan poderoso que de su alma brotaban colores y formas que iban a parar al aire hasta envolverla por completo.


 Blonda Encajes
Blonda Encajes vivía cerca del mar y le gustaba hacer descubrimientos. Lo más extraño que encontró fue un huevo que parecía contener el océano. No estaba segura, así que se lo llevó a la playa para observarlo bien. Lo escuchó, le dio varias vueltas y de pronto le envolvió una explosión. Y vino el caos, había que separar otra vez el mar de los continentes y la luz de las tinieblas y todo, absolutamente todo, hubo que hacerlo de nuevo. Pasaron millones de años hasta que nació Blonda pero ya no vivía cerca del mar y no le gustaban los descubrimientos.



 Ascot


Catalineta Veleta
A esta gallina le aseguraron una vida feliz subida a una veleta pero, fuera de los vientos, apenas tenía compañía y comenzó a añorar a sus amigas del circo. Sus compañeros este, norte, oeste y sur se encargaron de buscar a las gallinas de los huevos de colores. Y las encontraron, la gallina de los huevos de oro se había marchado hacía años de la compañía. Allí descubrieron también a las trapecistas que no sabían poner huevos de ninguna clase, pero sí hacer equilibrios arriesgadísimos. Todas se pusieron a merced de los vientos y se fueron a vivir con Catalineta Veleta.

 


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